miércoles, 2 de marzo de 2016

RIVALIDADES PARALELAS (Lewis vs Powell, Bernini vs Borromini)


En una de las entradas anteriores les contaba la historia de Bob Beamon y su estratosférico salto en los Juego Olímpicos de México en 1968. Pues bien, unos 15 años después, en 1983, emergió como estrella mundial un muchacho que parecía que podría batir ese récord. Su nombre era Carl Lewis.

Fue apodado el "hijo del viento" y ese mismo año ganó los títulos mundiales de 100 m., salto de longitud y relevos 4 x 100 m. en los primeros campeonatos del Mundo en Helsinki. Al año siguiente consiguió repetir en Los Ángeles la gran gesta de Jesse Owens en Berlín, ganar cuatro oros olímpicos en unos JJ.OO. Se convirtió en una estrella que sobrepasaba el ámbito del atletismo y del deporte. Era el atleta perfecto, de personalidad arrolladora y abanderado contra el dopaje (de eso se podría hablar mucho y no bien) además de gran dominador de las grandes competiciones en todas las distancias de la velocidad.

Durante una buena parte de años fue completamente imbatible en el salto de longitud, pero no había podido con el récord de Beamon, aunque todo el mundo lo veía como el elegido para hacerlo. Le salieron tres grandes competidores, el soviético Robert Emmiyan, que llegó a saltar en una ocasión 8.86 m., y los también estadounidenses Larry Myricks y Mike Powell.

De entre ellos Powell era el que competía mejor y el más regular en sus enfrentamientos con Lewis. En el campeonato del Mundo de Pekín en 1991 todo estaba preparado para que el concurso de salto de longitud fuera el mejor de la Historia. Y vaya si lo fue...



En la competición más impresionante de la Historia del atletismo mundial hasta aquella fecha, Powell, contra todo pronóstico, batía el récord de Beamon en 5 cm., mientras que Lewis "solo" pudo hacer el mejor concurso de la Historia del salto de longitud, con cuatro saltos por encima de 8.80 (uno de 8.91 que mejoraba el de Beamon pero que no computó para marca personal por exceso de viento), un nulo y otro de 8.68. Impresionante pero insuficiente.

El récord de Powell sigue vigente, ya es más viejo que el de Beamon, y no hay esperanza cercana de que sea batido. Pedroso quizás lo hubiera podido batir en los 90 de haber encontrado alguien de su nivel en el camino, pero no fue así.

Pues hay otra rivalidad en la Roma del siglo XVII que me recuerda a la de Lewis y Powell. La de Gian Lorenzo Bernini y Francesco Borromini.

Gian Lorenzo Bernini fue posiblemente el artista más célebre del barroco. Hijo de artista, su precocidad a la hora de esculpir mármol es legendaria. Siempre en contacto con las grandes familias romanas desde la niñez, era el que realizaba todos los grandes encargos en la ciudad papal, tanto en escultura como en arquitectura. Un genio de talento privilegiado capaz de realizar obras maestras tanto en pintura como en escultura o arquitectura al modo de los"uomini universali" del Cinquecento. La Roma barroca es incomprensible sin Bernini.





De Borromini les hice una referencia en una de mis primeras entradas GEOMETRÍA PARA IMPEDIR EL GOL. La falsa perspectiva es suya, está en Roma, en el Palazzo Spada.



Borromini había llegado desde el norte a Roma. Arquitecto de nuevas ideas,
siempre había quedado en un segundo plano en los encargos de las grandes familias. Sin embargo le llegó su oportunidad con la llegada al papado de Inocencio X, (sí, el de Velázquez). Se le encargó un proyecto para la Fuente de los Cuatro Ríos y la iglesia de Santa Inés en la plaza Navona.

Aunque ya había presentado el proyecto, finalmente la fuente le fue encargada a Bernini.


Lo que relato a continuación no deja de ser supuesto y legendario, no hay pruebas de que así ocurriera, sin embargo parece bastante verosímil.
Bernini diseño la fuente sabiendo que la iglesia iba a ser de Borromini. Una de las figuras de la fuente, la personificación del Río de la Plata, alza los brazos temerosamente ante el posible derrumbamiento de la iglesia, entonces en construcción. Como burla a costa de la fama de arquitecto extravagante y norteño de Borromini. 


Sin embargo, Borromini era perfectamente conocedor del proyecto, y sabía que tenía un grave problema. La presión del agua no era suficiente para que la fuente funcionara. Era necesario condenar una pequeña fuente en otro punto de la ciudad. Lógicamente, ese estudio lo guardaba completamente en secreto. Bernini sospechaba de Borromini, debido a su rivalidad. Y para recabar información sobre él, consiguió que se introdujera en la casa de Borromini como criada una de las mujeres de su servicio, que descubrió el error de la fuente.

El día en que el Papa tenía que visitar la fuente, Bernini se disculpó diciendo que todavía no estaba terminada. Cuando el Papa se iba a ir dando su bendición, empezaron a manar los chorros de agua de tan espectacular fuente. Bernini era muy dado a estos efectos teatrales, con él se ganó el favor del nuevo Papa y le ganaba otra partida a Borromini. 

Borromini, pequeño consuelo, mandó erigir una escultura de Santa Inés en lo alto de la iglesia, justo enfrente del Río de la Plata. Le daba a entender que se tranquilizara, que no había ningún peligro de derrumbe.


Aunque Borromini había quedado eclipsado por el genio universal de Bernini, a partir de entonces tuvo una gran cantidad de encargos. De los cuales hay dos que considero las obras arquitectónicas más hermosas de la Cuidad Eterna, solo por debajo del Panteón:

San Carlo alle Quattro Fontane




Y Sant'Ivo alla Sapienza









La impronta de Borromini en la arquitectura posterior es muchísimo mayor que la de Bernini. No es el récord del mundo de salto de longitud, pero menos da una piedra.

Un saludo.

2 comentarios:

  1. Una entrada muy interesante y bien escrita, Bipancho, ¡enhorabuena!

    Un abrazo,

    Pearlsbu

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